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Durante décadas la psicología se ha centrado en el tratamiento y estudio de la enfermedad mental, la depresión la ansiedad o las fobias entre otras. Hasta no hace mucho, atender a una terapia psicológica presuponía que el individuo no estaba bien, que tenía algún problema que lo situaba fuera de lo que se entendía como “normal”, que estaba en definitiva enfermo. Actualmente se tiende a “medicalizar” casi cualquier estado en el que el individuo perciba algún tipo de incomodidad, se percibe al sujeto como un ser pasivo, cuyo cuerpo o mente “enferma” tiene que ser tratado.
En Psícomun, creemos que es necesario ver al individuo como alguien activo y capaz de superar esas situaciones que le provocan angustia o malestar psicológico. Entendemos la terapia desde otra perspectiva, aquella que ve a la persona como un conjunto de fortalezas por explorar, de iniciativas por desarrollar, de aprendizajes por descubrir y de caminos por andar con el fin de lograr un estado de equilibrio psicológico que le permita afrontar la realidad desde la seguridad de tener las herramientas necesarias para ello, y aprender a manejar aquellos estados que deterioren su bienestar y el de las personas que le rodean.

El poder del optimismo aprendido: una herramienta para mejorar la vida

El optimismo es la creencia de que sucederán cosas buenas y que podemos tomar medidas para favorecer resultados positivos en nuestras vidas. Esta actitud permite abordar los problemas con una mente abierta, mejorar el estado de ánimo y aumentar el bienestar general. Aunque algunas personas parecen ser optimistas de manera natural, el optimismo también es una habilidad que se puede aprender y desarrollar con práctica y esfuerzo.

Este concepto, conocido como optimismo aprendido, fue desarrollado por el psicólogo Martin Seligman dentro de la psicología positiva. Se basa en desafiar el pensamiento negativo y sustituirlo por ideas más realistas y esperanzadoras. A diferencia del desamparo aprendido, en el que una persona se rinde ante la adversidad porque cree que no puede hacer nada para cambiar su situación, el optimismo aprendido ayuda a desarrollar resiliencia y afrontar los desafíos con una actitud proactiva.

Beneficios del optimismo aprendido

Los estudios han demostrado que adoptar una actitud optimista puede generar múltiples beneficios en diferentes aspectos de la vida. A continuación, exploramos algunos de los más importantes:

1. Mejor salud física

Las personas optimistas tienden a gozar de mejor salud en comparación con los pesimistas. Investigaciones han revelado que el optimismo está relacionado con:

  • Menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
  • Mejor respuesta inmunológica.
  • Mayor esperanza de vida.
  • Menos probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas.

Un estudio de Harvard encontró que las mujeres optimistas tenían un 30% menos de riesgo de morir por enfermedades cardíacas en comparación con aquellas con una visión pesimista de la vida.

2. Mejor salud mental

El optimismo también influye en la salud emocional. Las personas optimistas experimentan menores niveles de estrés y ansiedad, lo que reduce el riesgo de trastornos como la depresión. Además, tienen más probabilidades de utilizar estrategias de afrontamiento saludables.

En un estudio con niños en riesgo de desarrollar depresión, aquellos que recibieron entrenamiento en optimismo aprendido mostraron un 50% menos de probabilidades de desarrollar síntomas depresivos en comparación con los que no recibieron el entrenamiento.

3. Mayor motivación y persistencia

Los optimistas son más propensos a esforzarse por alcanzar sus metas y superar los obstáculos. En cambio, los pesimistas tienden a rendirse más fácilmente cuando enfrentan dificultades.

Una persona que quiere perder peso puede adoptar dos enfoques: un pesimista podría decir «nunca podré adelgazar, las dietas nunca me funcionan», mientras que un optimista pensaría «quizá sea difícil, pero si sigo un plan adecuado y soy constante, lograré mi objetivo».

4. Longevidad y calidad de vida

Los estudios han encontrado que los optimistas viven más tiempo que los pesimistas. En parte, esto se debe a que adoptan hábitos de vida más saludables, pero también a que tienen una menor carga de estrés y ansiedad.

Un estudio realizado en adultos mayores encontró que aquellos con una actitud optimista tenían un 15% más de probabilidades de vivir más de 85 años en comparación con los pesimistas.

Diferencias entre optimistas y pesimistas

Las diferencias entre el optimismo y el pesimismo pueden explicarse a través de tres factores principales:

  • Permanencia: Los optimistas ven los problemas como temporales, mientras que los pesimistas los perciben como permanentes.
  • Personalización: Los optimistas atribuyen el éxito a su esfuerzo y los fracasos a factores externos. Los pesimistas hacen lo contrario.
  • Pervasividad: Los optimistas no dejan que un área de sus vidas afecte su autoestima general. Los pesimistas tienden a generalizar los fracasos a todas las áreas de su vida.

Cómo desarrollar el optimismo aprendido

Martin Seligman propone el modelo ABCDE para fomentar el optimismo:

  1. Adversidad: Identificar la situación difícil.
  2. Creencia: Reconocer los pensamientos negativos que surgen.
  3. Consecuencia: Evaluar el impacto de estos pensamientos en nuestras acciones.
  4. Disputa: Cuestionar la validez de los pensamientos negativos.
  5. Energización: Experimentar el efecto positivo de desafiar el pesimismo.

Si una persona pierde su empleo, un pesimista podría pensar «soy un fracasado y nunca conseguiré otro trabajo». En cambio, utilizando el modelo ABCDE, podría cuestionar esa creencia y pensar «perder el empleo es difícil, pero tengo habilidades y experiencia para encontrar nuevas oportunidades».

Posibles limitaciones del optimismo aprendido

Si bien el optimismo tiene muchas ventajas, también existen riesgos asociados al optimismo irreal o tóxico. Un optimismo excesivo puede llevar a subestimar riesgos o ignorar problemas graves. Es importante encontrar un equilibrio entre mantener una actitud positiva y ser realista sobre los desafíos.

Ejemplo: Una persona con optimismo irreal podría asumir riesgos financieros innecesarios creyendo que «todo saldrá bien», sin analizar las consecuencias de sus decisiones.

Estrategias para fomentar el optimismo en la vida diaria

  • Practicar la gratitud: Llevar un diario de gratitud puede mejorar la perspectiva sobre la vida.
  • Usar afirmaciones positivas: Decirse frases motivadoras refuerza la confianza y el bienestar.
  • Perdonarse a sí mismo: En lugar de enfocarse en errores pasados, aprender de ellos y seguir adelante.

Conclusión

El optimismo aprendido es una poderosa herramienta que no solo mejora el bienestar mental y físico, sino que también ayuda a encontrar propósito en la vida. Creer en un futuro positivo motiva a las personas a actuar en consecuencia, generando un círculo virtuoso de crecimiento, felicidad y éxito.

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